domingo, 5 de julio de 2015

Lo que la Unión Europea, y la tristemente famosa Troika, están haciendo con Grecia es lo más vergonzoso que se ha visto en política en los últimos diez años. No sigo, leer el siguiente articulo del premio Nobel de Economía, Joseph Stiglitz, y comprobaréis hasta donde llegan las mentiras de nuestra querida Europa.




Obligar a Grecia a ceder

Las rencillas actuales en Europa pueden parecer el desenlace inevitable del amargo enfrentamiento entre Grecia y sus acreedores. En realidad, los dirigentes europeos están empezando a mostrar verdaderamente por qué se pelean: por el poder y la democracia, mucho más que por el dinero y la economía. Los resultados económicos del programa que la troika impuso a Grecia hace cinco años han sido terribles, con un descenso del 25% del PIB nacional. La tasa de desempleo juvenil alcanza ya el 60%. No se me ocurre ninguna otra depresión en la historia que haya sido tan deliberada y haya tenido consecuencias tan catastróficas.
Sorprende que la troika se niegue a asumir la responsabilidad de todo eso y no reconozca que sus previsiones y modelos estaban equivocados. Pero todavía sorprende ver más que los líderes europeos no han aprendido nada. La troika sigue exigiendo a Grecia que alcance un superávit presupuestario primario del 3,5% del PIB en 2018. Economistas de todo el mundo han dicho que ese objetivo es punitivo, porque los esfuerzos para lograrlo producirán sin remedio una crisis aún más profunda. Es más, aunque se reestructure la deuda griega hasta extremos inimaginables, el país seguirá sumido en la depresión si sus ciudadanos votan a favor de las propuestas de la troika en el referéndum convocado para este fin de semana.
En la tarea de transformar un déficit primario inmenso en un superávit, pocos países han conseguido tanto como Grecia en estos últimos cinco años. Y aunque los sacrificios han sido inmensos, la última oferta del Gobierno era un gran paso hacia el cumplimiento de las demandas de los acreedores. Hay que aclarar que casi nada de la enorme cantidad de dinero prestada a Grecia ha ido a parar allí. Ha servido para pagar a los acreedores privados, incluidos los bancos alemanes y franceses. Grecia no ha recibido más que una miseria, y se ha sacrificado para proteger los sistemas bancarios de esos países. El FMI y los demás acreedores no necesitan el dinero que reclaman. En circunstancias normales, lo más probable es que volvieran a prestar ese dinero recibido a Grecia.
Pero repito que lo importante no es el dinero, sino obligar a Grecia a ceder y aceptar lo inaceptable: no solo las medidas de austeridad, sino otras políticas regresivas y punitivas. ¿Por qué hace eso Europa? ¿Por qué los líderes de la UE se oponen al referéndum y se niegan a prorrogar unos días el plazo para que Grecia pague al FMI? ¿Acaso la base de Europa no es la democracia?
En enero, los griegos eligieron un Gobierno que se compremetió a terminar con la austeridad. Si Tsipras se limitara a cumplir sus promesas, ya habría rechazado la propuesta. Pero quería dar a los griegos la posibilidad de opinar sobre una cuestión tan crucial para el futuro bienestar del país. Esa preocupación por la legitimidad popular es incompatible con la política de la eurozona, que nunca ha sido un proyecto muy democrático. Los Gobiernos miembros no pidieron permiso a sus ciudadanos para entregar su soberanía monetaria al BCE; solo lo hizo Suecia, y los suecos dijeron no. Comprendieron que, si la política monetaria estaba en manos de un banco central obsesionado con la inflación, el desempleo aumentaría.
Esa preocupación por la legitimidad popular es incompatible con la política de la eurozona, que nunca ha sido un proyecto muy democrático
Lo que estamos presenciando ahora es la antítesis de la democracia. Muchos dirigentes europeos desean que caiga el gabinete de izquierdas de Alexis Tsipras, porque resulta muy incómodo que en Grecia haya un Gobierno contrario a las políticas que han contribuido al aumento de las desigualdades en los países avanzados y decidido a controlar el poder de la riqueza. Y creen que pueden acabar con él obligándole a aceptar un acuerdo contradictorio con su mandato.
Es difícil aconsejar a los griegos qué votar. Ninguna alternativa será fácil, y ambas son arriesgadas. Un significaría una depresión casi interminable. Quizá un país agotado y empobrecido pueda obtener, por fin, el perdón de la deuda; quizá entonces pueda recibir ayuda del Banco Mundial, en esta década o la siguiente. En cambio, el no podría permitir que Grecia, con su sólida tradición democrática, se haga cargo de su destino. Entonces los griegos podrían tener la oportunidad de construir un futuro, aunque no tan próspero como el pasado, sí mucho más esperanzador que el inadmisible tormento actual.
Yo sé lo que yo votaría.

Joseph E. Stiglitz, premio Nobel de Economía, es profesor universitario en la Universidad de Columbia.

martes, 3 de marzo de 2015

Certamen de teatro CARABANCHEL EN ESCENA

Aquí dejo el programa del certamen de teatro y danza CARABANCHEL EN ESCENA que se celebrará en la sala El Dragón Estragón, C/ Abejuela, 17, durante el presente mes de marzo. Los amantes del teatro tenemos un motivo para disfrutar de este evento por el modico precio de 7 euros la función.

Además, tengo la satisfacción de comunicar que he sido elegido miembro del jurado del certamen, con lo cual si alguien desea pasarse por la sala tendré el placer de saludarle.


lunes, 12 de enero de 2015

Más poemas del libro "En mil pedazos"

Estos poemas que aquí os dejo, pertenecen a la segunda parte del libro, titulada Gota a Gota. Son poemas breves que no tienen titulación y que aparecen simplemente bajo un epigrafe de numeración. Espero que los disfrutéis:



X

La ilusión de una palabra
es suficiente para no morir,
para resistir.
Pero ¿qué palabra?
No vale cualquiera, no es así
como se mueven los sentimientos.
Es la palabra de los elegidos. 




XIV

Gota a gota se llena el aljibe
de la memoria.
Gota a gota se deshace el mundo
a nuestros pies.
Gota a gota se inundan los campos
de melancolía.
Gota a gota el tiempo nos arrulla
en un último suspiro.



XVII

Porque han pasado tantos años
y más años tienen que pasar
he decidido parar el tiempo un instante.
¿Qué es un instante?
El tiempo que he tardado
en escribir estos versos.
Nada, absolutamente nada.

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